Trampa Económica
Por: Oscar Toledo Esteva. Mayo de 1998.
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estampilla, más de 128 megabytes de programas variados, imagenes, secuencias
animadas, bases de datos, mapas, etc. Bajo consumo de energía, sin
calentamiento o emisión de ruidos.. |
De un cuento zapoteco sobre un hombre astuto y su vecino ingenuo, hay una lección para los países pobres que piden prestado a los países ricos para volverse ricos a su vez, por ser un relato impublicable, solo diré que tiene un final cómico, y se parece al modelo económico que solo produce un tipo de pobreza, sin ética o valores, con demasiada obsesión por la codicia, generaliza la ignorancia que recurre a las magias, perlas magnéticas, narcóticos o evadirse con la niebla deportiva de fin de semana, y el endeudamiento con el dinero depredador y especulativo foráneo, vuelve más dependiente a nuestro país, por la receta simplista del gran capital, de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, incluso los economistas —con algunas excepciones— adoptaron este dogma, y han tendido a excluir el cambio tecnológico de sus obras teóricas o bien a tratarlo como una variable puramente exógena. Mientras se amplía inexorablemente la brecha entre naciones, por la revolución microelectrónica y su nueva economía, devaluando a diario el mayor bien de los países pobres, su «mano de obra barata».
El desorden económico se volvió una pesadilla para los utopistas de un «nuevo orden mundial», que practican su economía como una religión, un gobierno mexicano que intenta controlar en lugar de resolver los conflictos que genera la crisis de la deuda, un modelo que fue impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ordena a los países subdesarrollados a devaluar, imponer más cargas a su pueblo, terminar subsidios a los pobres, despedir a trabajadores, recortar los servicios sociales e ignorar la constitución; cuya finalidad es destruir la economía para «mejorarla». Manipulados por radio y televisión, a la gente le han despertado un deseo enorme de consumo, solo le queda comprar fiado, pocos se preocupan de que su tarjeta plástica los obliga a endeudarse, no es exagerado decir que los habitantes se han convertido en siervos feudales del cobrador, finalmente, parecen no advertir que la pérdida de un empleo, una enfermedad o la propia crisis pueden llevarlos a una situación de virtual esclavitud en la que, salvo su propia alma, todo quede en las garras de los acreedores.
¿Cuál guerra perdimos para que los gobiernos retrocedan años a nuestro progreso colectivo, quitar tres ceros a nuestra moneda y aceptar muy sumisos las pócimas y substancias mágicas del FMI?, en el estancamiento de la economía, los habitantes son ignorados humana, económica, política y jurídicamente por su gobierno, la crisis de la deuda se acentúa como resultado directo de las propias iniciativas, programas y condiciones del FMI, de sus mentiras, fraudes y bloqueos deliberados, en el acceso de los países pobres al credito internacional, desangrando recursos, destruyendo vidas y esperanzas de las personas, antes de esto, ellos tenían un lugar en la sociedad, un derecho a la vida, ahora, la imposición capitalista con ayuda de gobiernos les ha arrebatado este futuro, a cambio del único derecho que puedan obtener en el mercado de empleados, preferentemente sin sindicatos, sin pensiones y sin contratos colectivos.
De estos tiempos de incapacidad, incompetencia e impunidad oficial, se ha creado una multitud de indolentes que a nivel global predican los dogmas de eras oscurantistas, es increíble la locura con que estas gentes se lanzan a destruir lo que no podrán reemplazar, y que una vez destruido echarán de menos, desde personas que piensan que todo es fácil y gratis, hasta presidentes impuestos que están arruinando el país, vendiendo la patria de los mexicanos y de nuestros antepasados, estos últimos nos heredaron una historia y un patrimonio cultural que es obligatorio preservar, del cual estamos orgullosos por nuestras raíces. John Kenneth Galbraith lo vió desde su óptica económica: «el mundo de las altas finanzas puede comprenderse solo si se tiene conciencia de que el máximo de admiración se dirige a quienes abren el camino a las más grandes catástrofes».
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